¿Una reforma a la Reforma?

*Por el P. Manuel Sonora

Hace unos años estuve dando clases a seminaristas de varias denominaciones protestantes. Al principio tenía miedo de enfrentarme a un grupo de fundamentalistas intransigentes como es muy común en nuestro medio religioso. Sin embargo con gran sorpresa y no poca alegría me he dado cuenta de que hay ya una inquietud en las juventudes evangélicas por un cambio de actitud en las ya anquilosadas tradiciones de las iglesias herederas de la Reforma Protestante del S. XVI.  Principalmente debido al hecho de que el fundamentalismo ha hecho terribles estragos en la teología y pensamiento misionero de dichas iglesias.

El protestantismo en México tiene un pasado muy relevante, puesto que, junto con la masonería, ayudaron a la transformación de un México sumido en el oscurantismo fanático que, como un pesado lastre, impedía el mejoramiento  y el crecimiento de las instituciones políticas y sociales del país. Hubo una época en la cual si uno quería encontrar seres pensantes tenía que buscarlos en las logias o en losLutero templos protestantes, que en muchos casos compartían la misma casa y los mismos dirigentes. Tanto el movimiento de Reforma Juarista como el de la Revolución Mexicana se gestaron a la sombra de las logias y los templos protestantes y no pocos héroes conocidos y anónimos de ambos estallidos sociales salieron de las filas de dichas instituciones.

Desgraciadamente allá por los 60’s y debido a la influencia de movimientos extranjeros (sobre todo de Estados Unidos) el fundamentalismo cobró un vigor inusitado dando al traste con un movimiento que debía ser floreciente como lo es en varios países de Centroamérica y el Cono Sur.

La primera maldición del Fundamentalismo fue el fomentar la fragmentación de las iglesias evangélicas tratando de convencer que dicha división debía de considerarse como una “bendición”, ya que así se multiplicaban los grupos de cristianos. (¿No importa que compitan unos contra otros y que se fomente el odio a los que no pertenecen a mi iglesia?)

Otra desgracia lo fue el hacer un divorcio entre la práctica de la fe y la realidad del entorno en el cual se practica dicha fe. Se dio demasiado énfasis a la temperancia, el puritanismo y el satanizar todo aquello que no estaba de acuerdo con la “tradición” histórica de la denominación que tuvo su origen en otras circunstancias y en otras latitudes. Los mismos nombres de las iglesias reflejan controversias y luchas del pasado en la Europa de las guerras religiosas: Bautistas, Metodistas, Presbiterianos, Luteranos, Congregacionales, Menonitas, etc. que nada tienen que ver con nuestra realidad nacional. No debería haber otro nombre que el de Iglesia Evangélica de México o algo parecido, y tratar de revisar y desechar mucho lastre que tuvo su razón de ser en aquellos tiempos, pero que ahora no tiene significado alguno para nosotros. Pregúntenle a un sencillo felig
rés de cualquier denominación cuál es la diferencia entre su iglesia y las demás que también se llaman evangélicas y no tendrá muchas cosas que decirle. A veces no queremos abrir los ojos a la verdad de que son más y de mayor envergadura las cosas que les son comunes y que los unen que las mínimas que los separan y los hacen diferentes.

Yo exhorto a las juventudes evangélicas a que hagan una revisión de sus creencias y traten de ir dando forma a una confesión de fe que pueda ser suscrita por todos los cristianos reformados y dejar las diferencias para los grupos locales.

¿Qué es lo que tienen en común todos los protestantes? Mucho diría yo y si no échenle un ojo a la lista siguiente.

  1. La Biblia como única fuente de autoridad en la Iglesia y que tiene todo lo necesario para la salvación y la vida de gracia.
  2. La fe en un solo Dios, en tres personas distintas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
  3. La naturaleza divina y humana de N. S. Jesucristo y la proclamación del mismo como el único mediador y abogado ante el Padre.
  4. La salvación por medio de la fe en el sacrificio de Cristo y la aceptación de la misma por medio del proceso de la conversión personal, manifestada en frutos de justicia y buenas obras.
  5. La esperanza en la Segunda Venida de Cristo en gloria para establecer su Reino de paz y amor en la creación de nuevos cielos y tierra.
  6. Las dos ordenanzas de Cristo para los creyentes y necesarias para poder vivir la vida cristiana en gracia: el Bautismo y la Cena del Señor.
  7. La resurrección corporal como culminación del plan de salvación y la vida eterna en el Reino de Dios.
  8. El hábito de guardar el Día del Señor por medio de la asistencia al culto divino.
  9. La necesidad del creyente en dar testimonio de su fe ante el mundo. En una palabra: el cumplir con la gran comisión de evangelizar a todo el mundo hasta los últimos confines de la tierra.
  10. El privilegio de cada cristiano de dar cuenta de su mayordomía ante Dios. Darle a Dios lo que le corresponde de nuestro tiempo, de nuestro dinero y de nuestro trabajo.

En fin, hay muchísimas cosas que son comunes a todos los cristianos y aún las que son causa de división se pueden revisar y adaptar según las necesidades locales de cada congregación como pueden ser: la forma y manera de bautizar, de celebrar la Cena del Señor, el gobierno eclesiástico, las formas de culto, etc.

En segundo lugar, poner los pies sobre la tierra y darse cuenta de que el cristiano no puede vivir en una burbuja aséptica divorciado totalmente de la sociedad en la cual se mueve. Recordar aquello de “No quiero que los quites del mundo, sino que los apartes del mal”.

Hermanos míos, yo estoy plenamente de acuerdo con ustedes en que hay que luchar contra el alcoholismo, el tabaquismo, la promiscuidad sexual, el uso de las drogas, etc.  Pero hacer de esto un dogma de fe es completamente absurdo. Recuerdo el caso patético de un pastor español que huyó a México durante la guerra intestina de su país debido a la persecución e intolerancia del régimen franquista. El pobre Pastor, que había puesto mil veces su vida en peligro por el testimonio de Cristo, fue rechazado por todas las iglesias evangélicas de la ciudad porque como buen español fumaba puro y acompañaba sus alimentos con una copa de vino. ¡Pecados imperdonables para una sociedad evangélica gazmoña e intolerante! Tan intolerante como el régimen del que había huido este soldado de Cristo.

¡Ya basta de comportarnos como niños! ¡Seamos adultos y encaremos la realidad de la sociedad en donde nos movemos!  La intención de Cristo jamás fue que sus seguidores fueran como “animales raros” con los cuales fuera casi imposible convivir.

Mucho menos fue su intención que sus discípulos se convirtieran en jueces inflexibles que juzgaran a todos sus semejantes decidiendo arbitrariamente quienes han de salvarse y quiénes no. Actualmente casi todas las denominaciones evangélicas han suscrito documentos en los que se afirma que la homosexualidad no es compatible con las Escrituras, dejando de un plumazo a millones de seres humanos fuera de la comunión de la iglesia, a menos que renuncien a su naturaleza con la que nacieron.

Es necesario que se examine la Biblia a la luz de su contexto histórico y cultural discriminando qué cosas se escribieron para los creyentes de todas las edades y qué solamente para ciertos grupos que atravesaban por circunstancias muy particulares. Por ejemplo: en algunos libros del N. T se habla de la “carne sacrificada a los ídolos”. Sería absurdo pensar que esto se aplica a nuestros días en que los sacrificios sangrientos son totalmente desconocidos en nuestros países civilizados. Obviamente esto era una preocupación de aquellos tiempos en que dicha práctica era el pan de cada día. Y como esto, existen muchas cosas que se han derivado de una pésima exégesis del texto bíblico creando situaciones tan absurdas como la de iglesias que exigen a las mujeres cubrirse la cabeza o que les niegan la entrada si llevan pantalones. O que separan a los hombres de las mujeres dentro del templo. Y peor aún, que les niegan a las mujeres el llamado al Ministerio ordeel-protestantismo-1-728nado prohibiendo la existencia de pastoras. ¡Hágame Ud. el favor!

¡Ah!, Y qué decir de los autores fundamentalistas que, como los europeos de hace cinco siglos, todo lo que no entendían porque no pertenecía a su mundo, lo achacan a Satanás. Ahora resulta que desde la tecnología avanzada, la cibernética, los descubrimientos en el terreno de la clonación, la posible vida en otros mundos, el fenómeno OVNI, y otras cosas que inquietan a nuestro mundo contemporáneo, todo ello es obra de Satanás. Simplemente porque no entendemos muchas de estas cosas. Eso me recuerda los días terribles de la “Santa” Inquisición, donde la más ligera sospecha de pacto con el diablo condenaba a gente inocente a sufrir los más crueles tormentos y terminar en la hoguera. ¿No estaremos actuando bajo la misma óptica? Lo que no entiendo y no está en la Biblia, debe ser obra de Satanás.

Les recuerdo que hay muchas cosas que no están en la Biblia y que no son obra del diablo. La Biblia no habla de:

La existencia de un nuevo mundo. (América)

La existencia de un universo infinito: galaxias, constelaciones, etc.

El sol como centro del sistema solar y no la tierra.

La electricidad, la electrónica, la fuerza nuclear, la termodinámica, etc.

La posibilidad de viajar al espacio o al fondo de los mares.

La democracia, el socialismo y otras formas de gobierno.

La psicología y otras disciplinas de la conducta humana.

Y podría seguir alargando la lista de cosas que no están contempladas en la Biblia, pero que son parte de nuestro mundo y que no podemos negarlas ni mucho menos achacárselas al diablo, sino que son más bien logros y avances que el hombre ha alcanzado por medio de la inteligencia que Dios puso en su cerebro.

Ya es tiempo de que se haga una reforma a la fe reformada que se ha quedado en un pasado romántico, pero que está totalmente divorciada de la realidad actual. El protestantismo sigue aportando en muchos países grandes logros para la libertad del hombre y una mejor expresión de su fe. No convirtamos al Evangelio en una prisión del intelecto, en una cadena de la libertad de pensamiento, puesto que Cristo deseó todo lo contrario. “Y conoceréis la verdad y la verdad os hará LIBRES”.

El Evangelio nos debe traer libertad y superación. El cristiano evangélico debe dejar de ser un fenómeno de feria y convertirse en un elemento positivo de nuestra sociedad. Que no se asuste de nada, sino de la intolerancia y la falta de caridad cristiana. Que lo analice todo y retenga lo bueno, como dice San Pablo mismo, no que satanice todo lo que no puede entender.

Ya olvidemos a los hermanos “gringos” que cada vez están más locos y que están totalmente divorciados de nuestra realidad cultural y vayamos creando un protestantismo mexicano que vaya enraizando en nuestra cultura y tradiciones sin destruirlas, sino más bien, dándoles un sentido cristiano. Siendo tolerantes con los que son diferentes a nosotros pensando que Cristo también tiene ovejas “de otro redil” las cuales también las va a traer a su Reino.

Cambiemos nuestra óptica de considerarnos los “consentidos de Dios”, porque no olvidemos que ese fue el pecado que llevó al pueblo de Israel al fracaso. No somos ni mejores ni peores que los demás, y no lo digo yo, sino la Biblia. La única diferencia es que Dios ha tenido misericordia de nosotros y nos ha dejado ver su verdad; pero esto en vez de llenarnos de soberbia nos debe llevar a la humildad y a ser responsables por vivir de acuerdo a lo que se nos ha enseñado.

Ahora está de moda el protestantismo judaizante que nuestros padres nunca conocieron. Iglesias en donde se ha suprimido todo símbolo cristiano para ser sustituido por simbología judía. La cruz brilla por su ausencia y la bandera cristiana ha sido sustituida por la bandera de Israel. Y se vuelven a celebrar las fiestas judías y el uso del Shofar, la Menorá, la Estrella de David, etc. Triste imitación de una sinagoga judía.

Con gran sorpresa encuentro pastores que ya no dicen Jesucristo, sino ahora es Yeshúa Masiahj o como diablos se pronuncie y un sinfín de vocablos en hebreo. Todo eso originado por los falsos “judíos mesiánicos” que ni son judíos ni menos son cristianos. Alguien ha dicho que son protestantes disfrazados de judíos.

Y ni qué decir de la preparación. Ahora cualquier fulano con un “entrenamiento” de tres meses memorizando su Reina Valera 60 ya es pastor de una congregación, cuando antes se requerían de menos tres años de preparación académica para poder aspirar al Ministerio sagrado, como que hemos abaratado el evangelio.

El centro de adoración ya no es la Mesa del Señor (altar) o el púlpito como en las iglesias tradicionales. Ahora el centro de adoración es la batería y las guitarras eléctricas que son la parte central del culto “cristiano” moderno. Y se han llegado a excesos que rayan en la demencia como la “risa sagrada” el “descansar” en el Espíritu y brincos y bailes y mil desfiguros más que se hacen en los templos.

En fin, jóvenes evangélicos. He aquí el reto. Acéptenlo y hagan una reforma de todas las corruptelas que se han introducido en sus iglesias y proclamen el antiguo Evangelio que  es vida, paz y amor. Estudien la historia de la iglesia que estos nuevos “evangélicos” desconocen por completo y recobren los grandes valores del protestantismo histórico y cambien la “moralina” que impera en sus congregaciones. Que las iglesias evangélicas  dejen de ser clubes de santos y se conviertan en refugio para pecadores.

Que Dios les ilumine y los bendiga.

*Sacerdote anglicano jubilado, párroco de la Iglesia de San Marcos en Guadalajara desde 2003 hasta 2012. Ha sido Manuel Sonorapor muchos años profesor del Seminario de San Andrés en la Ciudad de México y fundador del Seminario Diocesano de San Andrés en Guadalajara. Su especialidad es la Homilética y la Liturgia así como la Identidad Anglicana. Ha participado en dos Pre-parlamentos como ponente. Es  miembro del Grupo Ecuménico de la misma ciudad y miembro de los Consejos Interreligiosos de la República. Ha trabajado mucho en favor de la inclusividad de las iglesias cristianas.

Elias González Gómez 2015-11-02T15:22:56+00:00