Narraciones del II Diálogo Multicultural Universal (DMU)

Por Elías González Gómez*

  • El proceso de gestación.

¿Cómo no sentir esta presión en el pecho? ¿Cómo no quedarse extático ante la certeza de la inmensidad de lo vivido y la incomprensión del porvenir? ¿Cómo regresar a la normalidad cuando se ha vivido tanto y ese tanto nos ha desbordado hasta haber quebrado la cotidianidad hasta el punto de no poder volver atrás? Salta a relucir la paradoja, tantos años de preparación para un instante de realización. ¿Será que de eso se trata el “despertar”, de toda una vida de camino y solo un instante donde los fuegos pirotécnicos del Espíritu nos conducen a la celebración de la comunión? Cada vez queda más claro, la meta es el camino. Les compartiré un poco de esta senda, de este andar que como sublime fermento fue construyendo el II Diálogo Multicultural Universal (DMU), pero que como impacto interestelar me invita a escribir estas líneas. Hablaré desde mi persona y experiencia, pues no puedo hablar desde una voz ajena, pero sabiendo que ésta Palabra no es sólo mía sino que es fruto del Encuentro con tantas personas que sería imposible enumerarlas.

“Hemos vivido más aventuras en estos escasos días de lo que muchas personas viven en todo su existir”, le comenté a mi compañero. De estas aventuras, de este compartir, surge esta Palabra, Palabra fecundada en el Silencio comunicador de los abuelos y las abuelas, del Encuentro con el otro que cómo Ícono del Misterio me habla de Aquello que en su infinito amor de entrega nos sostiene en la existencia. No hablo yo solo, hablamos todos los presentes en la eternidad del instante sin tiempo que se abrió y se ha abierto para quienes han escuchado el gratuito llamado a vivir en Fiesta Espiritual.

Me cuesta trabajo dar inicio, pues ¿cómo comenzar a expresar aquello que en su Misterio permanece inabarcable y por lo tanto manifiesta la imposibilidad de si quiera iniciar –y mucho menos terminar- de hablar sobre Él? En el principio fue el Encuentro, y de esa relación original surgieron todas las cosas. Así lo expresó el abuelo maya de Yucatán que nos compartía las primeras líneas del Popol Vuh: “Ésta es la relación de cómo todo estaba en suspenso, todo en calma, en silencio; todo inmóvil, callado, y vacía la extensión del cielo. Ésta es la primera relación, el primer discurso…” Del Silencio surge la Palabra, Palabra auténtica y verdadera que se expresa desde la alteridad conduciéndonos de nuevo hacia el Silencio fecundador del Encuentro y de la Trascendencia. Si en el Encuentro germina la Trascendencia, principio y fin de la Vida, entonces me he de enfocar en trasmitir estos Encuentros que van construyendo esta narración.

Cuando el corazón recuerda el transito hasta este momento, no puede más que caer de rodillas reconociendo la gracia de Eso que llamamos Dios que va guiando con su llamado gratuito cuya escucha es don y no conquista. Pues sin menospreciar la capacidad de uno mismo y del propio equipo de trabajo que hizo realidad este acontecimiento, la realidad se nos impone y nos obliga a reconocer que, ante la evidencia de los frutos cosechados, esto no provino de nuestras propias fuerzas sino de Algo/Alguien que a través de nosotros actúa. Esto es Gracia.

En la memoriaDMU llevo la Gracia de los primeros Encuentros. Me encontraba en Ejercicios Espirituales en Torreón cuando mi acompañante me habló de una tal Gabriela Franco que trabajaba en proyectos de diálogo interreligioso en Guadalajara, mi querida ciudad. Qué sorpresa me llevé cuando visité por primera vez Casa Compostela y en la pared veo una placa con la siguiente inscripción: “Rincón de Jorge Manzano”. Jorge, aquel jesuita que para ese entonces ya era mi profesor en la universidad pero que aún no podía imaginarme cómo y qué tanto cambiaría mi vida, fue el fundador de Carpe Diem Interfé, el útero en donde me he nutrido todos estos años. Jorge, más que ser un maestro espiritual, era un gran amigo del Espíritu. No puedo comparar a Jorge con aquellos gurus que van por ahí escribiendo libros, fundando escuelas; que son líderes sociales o eclesiásticos, que tienen club de fans y discípulos queriendo seguir sus enseñanzas. Desde donde yo lo viví, Jorge tenía una única enseñanza, una que por lógica propia impedía la formación de escuelas y de seguidores groupies: enamorarse de la Vida tanto como ella está enamorada de nosotros, viviendo siempre bajo ese cielo de relación amorosa para con el Dios de la Vida.

Fue desde entonces, ya casi cuatro años atrás, que inicié mi camino dentro de la Fundación Carpe Diem Interfé. El primer Diálogo Multicultural Universal fue para mí piedra de toque en mi propia misión, fue un acontecer revelador de sentido. Desde aquellos momentos no me ha quedado duda, mi práctica y mi quehacer en este mundo tiene el cometido de aportar un poco a la vivencia y experiencia espiritual en inter-re-ligiosidad.

De la relación con Jorge no iniciaba un proceso de adoctrinamiento a sus propias ideas o visión de las cosas que cooptara el propio sentir y el propio llamado en aras de la supuesta “enseñanza verdadera” o panacea espiritual, sino que una vez que se entraba en relación con él se detonaba un movimiento dinamizador de las propias ilusiones y de los propios gustos, siempre en completa entrega y escucha al Misterio que nos rebasa. En mi vida, el contacto con Jorge fue el detonante de un compromiso activo en el diálogo inter-re-ligioso y en la espiritualidad.

De este modo comencé los preparativos para el II Diálogo Multicultural Universal. Jorge había partido y la incertidumbre envolvió las mentes del equipo de Carpe Diem. ¿Cómo continuar sin la guía y consejo de nuestro querido maestro y fundador? El nombre “Jorge Manzano” que antes nos abría cualquier puerta en la ciudad, ahora parecía transformarse en inseguridad tanto dentro de la Fundación como fuera, pues nadie creyó que tuviéramos la capacidad de seguir adelante sin él. Pero para mí estuvo muy claro desde el principio. Al final del primer DMU Jorge me abrazó y me dijo “buen trabajo”. En ese momento lo supe, esta labor no era impulsada por manos humanas sino por Aquello que sustenta y da la posibilidad de que las manos humanas impulsen y construyan. No fui yo, no fue la Fundación, ni siquiera Jorge Manzano. Fue pura Gracia. Con Manzano o sin él, el trabajo debería seguir, con toda la problemática que esto conlleva y que ciertamente aumentaba sin Jorge, pero que el continuarlo era la mejor manera de honrar su nombre y su legado.

No cabía duda, desde nuestra debilidad e inseguridad continuaríamos el trabajo. “Te basta mi gracia, ya que la fuerza se pone de manifiesto en la debilidad.” (2 Cor. 12,9). Y desde estas debilidades, desde esta humanidad, les escribo y expreso mi Palabra, sin sentir pena ni abstenerme de expresar nuestros tropiezos y errores, por el contrario, los escribo con orgullo porque éstos denotan que este es un trabajo que surge del corazón y apuesta la vida, y cuando se apuesta a veces se pierde, pero cuando lo que se apuesta es el corazón y la vida, toda pérdida es ganancia: “el que pierda su vida por mí, la conservará.” (Mt 16,25). En palabras del Tata Rafa[1]: “los errores también son buenos”.

Quien nos conoce, sabe que somos soñadores. Quizás nos haga falta aterrizar muchas cosas, tal vez no somos muy realistas y perdemos mucho tiempo pensando en el “podría ser” olvidando lo que “sí es”. Pero la cosa se va equilibrando, naturalmente algunos tuvimos que jugar el papel de “abogado del diablo” en la interlocución que dio vida a este proyecto. Desde un principio nos regimos por un axioma: “tirarle a Marte para darle a la Luna”.

¿Cómo fue nuestro tirarle a Marte? Después de una experiencia fuera del país, me reintegré al equipo de la Fundación. Para mí era muy claro donde tenía que estar. A los pocos meses ya hacíamos cartas de invitación a todas las direcciones: enviamos invitación al Vaticano para que el Papa Francisco supiera lo que estabamos haciendo, algunos quizás con la esperanza de que atendiera a nuestro evento y otros sabiendo que eso jamás sucedería simplemente teníamos la intención de que se notara que nuestro proyecto iba enserio. Fuimos a Zacatecas para hablar con el Dalai Lama, lamentablemente la supuesta reunión no se llevó a cabo pero sí logramos entregar una carta invitación a sus representantes. Fue durante una de esas noches en Zacatecas, cuando el estrés y la desilusión nos consumían, que retornó la enseñanza que en la inauguración del primer DMU se había manifestado en forma de lluvia: teníamos que pensar las cosas diferentes, tenemos que hacer un evento de diálogo interreligioso distinto, desde la gente y para la gente. Esto estaba muy claro para todos, pero el cómo nunca fue consensuado.

Una de las cosas que más me gusta de formar parte de la Fundación Carpe Diem Interfé es que por más que tenemos el A.C. de asociación civil, somos muchas cosas menos una institución. Aunque compartimos algunos ideales, ninguno de los miembros pensamos igual. Tenemos a un Don Carlos, presidente de la Fundación, que con una vivencia, práctica y discurso más cósmico que sociológico, lucha incansablemente por el alcance de “una consciencia planetaria”, una cohesión social proveniente de esta “masa crítica” que puede formarse a través de distintos trabajos para los miles de millones de “hermanos y hermanas” que han llegado “después de la segunda guerra mundial”. Está Gaby, de todas la más energética, estresada, positiva, pesimista y animosa. Estoy convencido de que Gaby trabaja quizás no por cuestiones tan abstractas como las que a veces Carlos y un servidor podemos expresar, sino que Gaby trabaja por sus amigos y amigas, por la gente que quiere y respeta, porque cree en su ciudad y la quiere ver despegada hasta las nubes. Martita tiene una ternura y paciencia únicas para el trabajo en comunidades, ella trabaja por amor al arte, porque se ha encontrado a sí misma en este proyecto, porque se le ve en sus ojos la vida que ha encontrado en esta labor lejos quizás de lanzar discursos políticos y sociales al respecto. También está Claudio, por excelencia el más aterrizado del equipo, arquitecto no solo de profesión sino también de mentalidad, su arte es que lo bello del proyecto esté sustentado por una logística que lo sostenga y que no se quede meramente en buenas intenciones y palabras bonitas (de lo cual el resto del equipo pecamos mucho). Ireri es el alma, la compañera, el oído siempre atento, la todologa, la que está siempre ahí simplemente porque su naturaleza es el servicio. Estos son los pilares de la Fundación, sin dejar de mencionar a un Javier, Ernesto, Gil, Meli, Susy, Lupita, Dora y demás compañeros y compañeras que se han entregado a esta aventura.

Y es precisamente por esta diversidad de las personas que integramos la Fundación, que el propio trabajo de diálogo comienza a nivel interno. Respetamos al otro y le damos paso libre a sus intuiciones y su visión de cómo han de hacerse las cosas, permitiéndole no solo hacerlas en nombre de la Fundación sino que hasta apoyándolo. Este fue el caso de la idea que me llegó aquella noche en Zacatecas, y que haríamos realidad dos meses después. Nos reunimos un grupo de amigos bajo la convocatoria de realizar un proyecto de jóvenes para jóvenes, haciendo contrapeso al DMU el cual es un evento macro y gigante que muchas veces pudiera ser un acontecimiento potente durante algún tiempo pero que sin continuidad se diluye. Con esto en mente, creamos el proyecto de los “Microdiálogos”, cuya dinámica era realizar un pequeño diálogo al mes con una metodología y temática distinta en diferentes zonas de la ciudad durante los 15 meses anteriores al DMU, y de este modo ir preparando el corazón e ir moviendo las aguas para entusiasmar a la ciudad.

Con mucha felicidad puedo decir que no solo logramos nuestro cometido, sino que incluso el proyecto superó todas nuestras expectativas. Tuvimos microdiálogos sobre interculturalidad, la moral, salud alternativa, migración, danza prehispánica, neochamanismo, espiritualidad y violencia, economía solidaria, y más. Poco a poco jóvenes de distintas universidades se fueron sumando al proyecto, formando una comunidad más que un equipo de trabajo. Fue así como surgió otra iniciativa, la de formar un espacio de oración donde pudiéramos profundizar en la práctica espiritual. Nos comenzamos a reunir cada quince días unas dos horas por sesión, y el caminar de los 10387397_10202483706007747_4873762368635640300_nmicrodiálogos se fue sustentando en una práctica espiritual profunda. Y lo más valioso, y quiero recalcarlo, es que fue promovido y sostenido por jóvenes de creencias y sentires muy diversos. Algunos con más compromiso e interés que otros, pero como comentamos en una entrevista que nos hicieron: “son pocos –nosotros no conocemos otro- los proyectos espirituales en la ciudad que hayan sido creados y coordinados por jóvenes”.

Más o menos al mismo tiempo de que surgía la semilla de los Microdiálogos, nos invitaron como Fundación a participar en un encuentro de pueblos originarios en Chiapas. Este coincidir llegaría a ser no solo central sino hasta angular en el camino y realización del II DMU, sería la fecundación de la Caminata Espiritual por la Paz y la Unión de los Pueblos.

Desde las heladas puntas de los Andes hasta el tiritar de los vientos de Alaska, desde los canales amazónicos hasta los desiertos de Wirikuta y las danzantes planicies al norte del río Bravo, se escucha el retumbar de un aullido que se suma al grito de parto de los pueblos que antes volaron separados y que ahora volverán a surcar los cielos compartiendo el mismo aire, sin que por esto se confundan sus plumas.

Más allá de ilusiones y discursos vacíos, una evidencia se sobrepone: “El Sol está enojado” me dijo una vez un abuelo wixárika, “y está enojado porque hemos olvidado”. Olvido de culturas enteras, de lo que alguna vez fue y de lo que pudo haber sido, el olvido fruto de una historia cínica que solo escucha las risas de la guerra y que olvida el dolor de los humildes. Un viraje se presenta como exigencia necesaria, la Tierra clama por este cambio, ¡la Vida exige una trascendencia! ¿Más vale la pureza inmaculada de los caminos que el polvo en los huaraches de los caminantes?

No olvido esa reunión en K`ak`ete`, Chiapas. Esos frijoles calientes y la tortilla recién hecha, niños apuntando palabras en tsotsil en mi libreta para que pudiéramos hablar. Oramos, hicimos ceremonias, danzas, charlas, durmiéndonos a las 10 de la noche para despertarnos diariamente a las 4 de la mañana. Las jornadas de diálogo fueron largas, pero después de este Noveno encuentro de guías espirituales del Abya Yala[2] en diciembre del 2013, entramos en una atmósfera de Silencio, único espacio donde la Palabra es auténtica hondura del Misterio representado por las Sagradas Varas, alrededor de las cuales se construyó todo este sueño. En este ambiente nació una iniciativa de parte de las propias comunidades originarias. A este sueño le llamaron “Caminata Espiritual por la Paz y la Unión de los Pueblos”.

Se quería recorrer la ruta de los migrantes, escenario de las peores vilezas de nuestra sociedad. Se habló de comenzar desde Izalco en El Salvador, a donde las Sagradas Varas partirían, y llegar hasta Chapala, Jalisco. Caminar haciendo surcos de esperanza y justicia en la tierra. Se busca un diálogo espiritual, económico, político y social entre los pueblos originarios y de estos para con el resto de pueblos del mundo. Que la voz olvidada por tanto tiempo sea ahora escuchada. Para esto se cruzaría por Guatemala, Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Michoacán y Jalisco para llegar finalmente a la Isla de los Alacranes o Xapawiyemeta, punto sagrado del pueblo wixárika. Finalmente, se llegaría al II DMU donde se compartiría todo lo vivido.

Terminado el encuentro, cada quién partió a su casa y continuó su camino, pero en nuestros corazones una semilla había sido sembrada y habíamos dado nuestra Palabra de que realizaríamos esta Caminata Espiritual. Los siguientes meses transcurrirían tranquilos en cuanto a esta iniciativa, pero llegaría el día, del cual hablaré más adelante, en el que se nos interpelaría a cumplir con nuestra promesa. En palabras del Tata Rafa: “yo dije que sí a la Caminata pensando que no se realizaría por ser un proyecto muy ambicioso, pero como respeto mi Palabra, aquí estoy haciéndola efectiva”.

Mientras Xun y Felipe, actores intelectuales de la Caminata Espiritual, visitaban distintas comunidades para ir forjando la iniciativa, en Guadalajara teníamos mucho que hacer. Se comenzó a aterrizar y a plantear el proyecto del DMU. Los objetivos: hacer de Guadalajara un foro internacional permanente donde se encuentren culturas y tradiciones y mediante esto contrarrestar la ola de violencia que se vive en México y en el mundo. Este es por lo menos el objetivo “oficial”, aquel que podemos proclamar con libertad y que tiene lo suficiente de políticamente correcto como para no molestar a nadie. Pero había otras búsquedas de fondo, tanto grupales como individuales, entre kaketeellas, la promoción y empuje de un nuevo paradigma civilizatorio, y atreverse a pensar diferente y hacer las cosas de otro modo.

Se buscaba que este II DMU programado para mayo del 2015, fuera casi cinco veces más grande que el primero. Que 10, 000 asistentes se reunieran en este evento, que toda la ciudad participara a nivel político, empresarial, universitario y civil, que fuera un hito para el cambio de paradigma. Todavía seguimos tirándole a Marte.

Nos lanzamos a este proyecto sin ningún tipo de apoyo económico. El apoyo moral nos sobraba, pero el apoyo moral, sobre todo cuando es promesa proveniente de cumbres políticas, son para mí palabras vacías, palabras que responden a otros intereses. Sin embargo, nuestra buena fe nos llevó a formar el llamado “Consejo Consultivo del Diálogo Multicultural Universal”. Desde un principio no me sonó muy adecuado convocar a un grupo de empresarios y personajes públicos para que apoyaran el proyecto, esto por una cuestión muy simple: dejando a un lado a las personas concretas, la lógica política responderá siempre a sus propios intereses y la empresarial no puede salirse del principio del “ganar-ganar”. Y dicho y hecho, las reuniones con el supuesto Consejo Consultivo eran reuniones asfixiantes llenas de personajes con elegantes ropas, aire acondicionado, muchas promesas y cero concretizaciones. A pesar de esto, me veo obligado a reconocer que ciertas personas concretas pertenecientes a este consejo desbordaron y quebraron todos mis estereotipos, me demostraron el compromiso y la valía que aún se puede encontrar por parte de algunos dentro de la política y de las empresas. De nuevo, la Realidad demostró estar más allá de mis cortos y agotados esquemas preconcebidos, lo que por ningún motivo desacredita la crítica anterior que sostengo y que subrayo: el diálogo interreligioso e intercultural no puede y jamás podrá surgir desde una lógica empresarial y política, no porque estas sean una especia de encarnación de la maldad, sino porque son lógicas distintas a la lógica del Encuentro con el otro. El apoyo de estas personas concretas no se debió a su carácter de empresarios o de políticos, sino de su apertura y sensibilidad para dejarse tocar por la Trascendencia. No le pidamos peras al olmo.

Para el verano del 2014, a menos de un año del evento, Felipe y Xun llegaron a Guadalajara con un mensaje de las comunidades de Chiapas, Guatemala y El Salvador: la Caminata Espiritual por la Paz y la Unión de los Pueblos sí se llevaría a cabo, y había que comenzar a trabajar. Fueron unos días de arduo esfuerzo en la planeación, visitamos los lugares en donde teníamos pensado que la Caminata Espiritual realizara sus actividades: Guachimontones, Ixtépete, Chapala, Isla de los Alacranes, Parque de la Cristianía y Mezcala. Nos esperaban innumerables desvelos, con cada día que pasaba se acercaba más la fecha, era un sentimiento combinado entre el corazón ansioso por el encuentro y la mente preocupada por lo que faltaba de la planeación.

Nos dividimos las tareas y comenzamos a trabajar. Chio, una de las más grandes maestras de mi vida y mi caminar, se sumó al equipo y juntos formamos el comité de hospitalidad. Los meses pasaban y poco a poco fuimos concretizando algunas cosas. Conseguir casas para que los hermanos de la Caminata se hospedaran, buscar los recursos para pagar las casas, la comida, los camiones. Y por el lado del DMU, se tenían que encontrar los apoyos para cubrir los costos de los viáticos de los ponentes (ninguno cobró un peso por su trabajo pero habría que facilitarles hospedaje, transporte y comidas), pagar las sedes, publicidad, página web, redes sociales. La lista de pendientes era infinita, pero de alguna u otra manera todo se iba realizando y con puro trabajo voluntario, pues de esto ningún organizador ganó nada económicamente.

El tiempo que transcurre entre la fecundación y el nacimiento es tiempo de grandes pruebas, quizás esta sea la etapa del mayor filtro. El entusiasmo del principio y la gloria del final conglomeran siempre a mucha gente cuya labor es importante pero su compromiso enclenque. Es esta etapa intermedia entre el origen del proyecto y la realización del mismo, cuando el verdadero fuego forja el compromiso y la entrega. Fueron meses de mucho sacrificio, dejando otras dimensiones de nuestra vida descuidadas en aras de ver nacer esta visión que es el DMU. Algunos dejamos la salud en el camino, el mismo Carlos casi se nos va de este mundo, pero su terquedad le permitió mantenerse, todavía tenía cosas que hacer por acá. A mí casi me costó mi noviazgo, descuidé mucho mis últimos semestres de la universidad. Dejamos el alma, apostamos la vida, invertimos toda nuestra energía. Fueron meses de complicada y profunda gestación. Pero con todo proceso de formación, tarde o temprano, tiene que llegar el gran nacimiento. Y así, de una manera u otra, el tiempo de espera se cumplía y la fecha llegaba.

Faltaban pocos días…

  • El II DMU

La velocidad de la lancha hacía que el viento azotara nuestros rostros y las olas de la laguna nos salpicaran. Por un instante volví la mirada hacia el cúmulo de tierra y roca que en medio del agua se sostenía con orgullo recordándonos la sacralidad vivida durante la noche anterior. En el sonido de la marea se escuchaba el eco de los violines y el canto de los abuelos. Por un instante la agotada mente cedió el control al recuerdo y recapitulé los días anteriores.

Esperé al camión en la carretera. Cuando los vi bajarse en el bosque de la Primavera, en la casa donde se hospedarían solo una noche antes de partir a la sierra wixárika y después regresar a Chapala, era como si el girar de la tierra y de la historia se detuviese solo para contemplar ese instante, como si toda mi vida se callase solo para prestar atención a esos rostros cansados y entusiasmados que venían de tan lejos. Algunos ya eran conocidos: Noemi, Amalia, Pochita. El re-encuentro después de tanto tiempo es promesa cumplida y esperanza realizada. Tenían que descansar, fueron escasos minutos los que estuvimos juntos, pero este preámbulo dejaba ver ya la intensidad de la vivencia que nos esperaba.

“Ya llegaron dos hermanos del Salvador” me dijo Chio. No los esperábamos tan pronto. Tomé prestado el carro y fui a recogerlos. A Juan ya lo conocía del pasado encuentro en Chiapas, pero al segundo nunca lo había visto, algo me decía que esa persona jugaría un rol importante en lo que estábamos por vivir. “Me llamo Rafael” me dijo antes de quedarse dormido. Se supone que ese mismo día, exactamente un día después de mi defensa de tesis del cual les hablaré más adelante porque tiene mucho que ver con esta experiencia, nos iríamos a Chapala para organizar los últimos detalles, pero debido a tanto trabajo nos acabamos yendo un día después.

Chio prefiere no manejar en carretera, así que tomé el volante y junto con Miguel Ángel nos encaminamos a Chapala donde ya nos esperaba Carlos, Xun y Felipe. Teníamos que llegar lo antes posible, pero ya era medio día y teníamos mucha hambre, así que nos detuvimos en un restaurante de la carretera y entre los tres nos comimos un chamorro. Retomamos el camino y por fin llegamos a San Antonio Tlayacapan, comunidad con fuerte presencia indígena en la Rivera de Chapala y con una lucha histórica por el territorio. Los habitantes de la comunidad, al enterarse de la iniciativa de la Caminata, quisieron sumarse y nos ofrecieron sus casas y su comida. Cuando llegamos ya estaban ahí un grupo de Zinacantan, Chiapas. Reconocí sus rostros del primer encuentro en K`ak`ete`, sobre todo el de una señora, Juanita, entre todas la mayor de las maestras.

Recibimos la llamada tan esperada. ¡Ya estaban por llegar los camiones! Corrimos todos a la carretera y ahí estaban llegando, dos camiones con las banderas indígenas ondulando con el aire. Poco a poco se fueron bajando: tsotsiles, tzeltales, wixárikas, guatemaltecos, de El Salvador, todos con un grito: “¡Vivan los pueblos indígenas!”. El grito era espiritual en cuanto a comunión, social y político en cuanto a exigencia de justicia, y dialogal en cuanto a invitación al diálogo. Por unas cuantas cuadras caminamos todos juntos hasta llegar a la casa que los anfitriones nos habían ofrecido. Lo primero fue acomodar las Sagradas Varas, ya por fin habían arribado a Chapala. El final de ese día fue simplemente saludarnos, reconocernos, cenar y preparar el corazón para lo que nos esperaba.

Se suponía que el día siguiente sería de descanso y diálogo con la comunidad de San Antonio, y así lo fue: se formaron mesas de trabajo, se presentó la problemática local de la comunidad y se hicieron algunas oraciones. Pero un acontecimiento movería un poco los planes. Vale la pena recordar algo sucedido en el 2012. A una semana del primer DMU, en la ciudad de Guadalajara se vivió un miedo y temor que por lo menos en mi residir en esta ciudad nunca habíamos experimentado, esto debido a una serie de “narco-bloqueos” por toda la ciudad. En ese entonces, para mí fue paradójico que justamente una semana antes de semejante evento de paz y fraternidad se viviera tanto caos y violencia, pero ya desde aquella ocasión intuía que no era casualidad sino parte del propio desequilibrio que este tipo de eventos espirituales necesariamente tienen que producir: si llevas un mensaje de paz y justicia, lógicamente, aunque no sea a nivel consciente, las fuerzas de la violencia responderán sacudiéndose cual bestia salvaje herida y acorralada.

Este año sucedió lo mismo, y como en esta ocasión el mensaje era a mayor escala, la violencia lo fue también. Casi cuarenta narco-bloqueos en el Estado, varias muertes, derrumbe de helicópteros y distintos enfrentamientos. La sociedad se sacudía pues lo que estaba por venir, el mensaje de justicia y de “ya basta” de la Caminata, y de diálogo y encuentro del DMU, no podía más que ser precedido por un movimiento reaccionario de este estilo, aunque no fuera directa y materialmente producido por estos.

En Chapala no lo sentimos, todo estaba tranquilo, aunque sí implicó algún movimiento puesto que las personas de la ciudad que nos ayudarían a recoger hermanos del aeropuerto y llevarlos a Chapala ahora no podían salir entonces nosotros tuvimos que recogerlos. Nos organizamos y acomodamos, ese no era el problema, sino el ambiente de violencia en que se sumergió la ciudad. El discurso oficial de que “en Jalisco no pasa nada, estamos muy bien” que sostenía el gobierno se estaba yendo por la borda, pero lejos de darnos miedo y de paralizarnos, nos impulsó a seguir con el trabajo con más ahínco y entrega. Ahora más que nunca, es momento de entregar la vida en y por estas iniciativas.

Casi 6 kilómetros separan San Antonio Tlayacapan de Chapala. Calentamos los músculos, nos organizamos. “¡Insignias al frente!” gritaban Xun y Noemi para acomodar al contingente de más de cincuenta hermanos y hermanas que caminaríamos por la rivera hondeando las banderas de justicia y paz. Por dos horas bordeamos la laguna hasta llegar a Chapala, nuestro hogar por los siguientes días, y de ahí al parque de la Cristianía, donde nos esperaban ya con los brazos abiertos. En el parque estaba ya Yolanda, que junto con Rosalva y Andrei organizarían toda la logística de la alimentación para los días siguientes, un trabajo nada sencillo pero que lo entregaron desde el corazón. Debo admitirlo, al principio el comité de recibimiento y de acompañamiento para el parque no me olía bien. No los conocía, me dejé llevar de nuevo por preconcepciones y prejuicios, mismos que se quebraron después del Encuentro. En especial, no me daba buena espina el grupo de jóvenes que podríamos denominar como “rastas”, que con sus tambores y guitarras nos recibieron el primer día. “Sólo están aquí para estar en el borlote y comer gratis” pensé, pero la verdad es que en ellos descubrí una entrega auténtica que quebró mis preconceptos y mis juicios, de nuevo el Encuentro como manifestación del otro más allá de mis ideas preconcebidas, me llevó a la Trascendencia de reconocer en ese otro el mensaje del Misterio.

Un coro de niños pertenecientes a zonas marginadas de la ribera de Chapala, coordinado por Gus, un gran amigo mío de la universidad, nos recibió en el parque provocando lágrimas y aplausos de parte de todos los asistentes. La voz se quebraba con amenaza de llanto al escuchar esas voces sumadas a los aplausos de los hermanos y hermanas de la Caminata. La semilla estaba encontrando buena tierra fértil para crecer, pero todavía hacía falta continuar haciendo los surcos necesarios.

Era 2 de mayo, y conforme lo acordamos meses antes todos los miembros de la Caminata nos preparábamos para la gran ceremonia de la noche. Se hicieron grupos de trabajo, los hermanos y hermanas de Colombia, Chile, Bolivia, Costa Rica y Yucatán, recién llegados, compartieron sus experiencias. Para las seis de la tarde todo estaba listo. Tomamos lo necesario para la ceremonia, nos embarcamos y en un contingente de unas cinco o seis lanchas llegamos a la Isla de los Alacranes o Xapawiyemeta, punto ceremonial del pueblo wixárika. Cuando todos estuvimos ahí, formamos un círculo.

Nos presentamos. Era importante conocernos, saber de dónde veníamos, asegurarnos que todos los presentes compartiéramos una misma intensión al estar ahí presentes en este epicentro donde el tiempo estaba por detenerse. Los marakames[3] comenzaron a preparar la ceremonia. Nos fuimos acomodando para pasar la noche, el viento comenzó a soplar con mucha intensidad como dándonos la bienvenida junto con el movimiento de las olas de esta laguna que ruge como mar. Sobre lo ocurrido narraré solo sentimientos y vivencias en clave más bien oscura, esto por dos razones: por respeto pues este momento es sagrado y no soy digno de tratar de expresarlo, y la segunda, aunque quisiera expresar lo vivido, su Misterio me rebasa tanto que simplemente no puedo contarlo.

La madera crujía con el calor del Fuego. Los abuelos y abuelas alrededor entonaban cantos que transportaban a otros sentires. La Luna estaba contenta, nos despejó el cielo para poder hablar con las estrellas. Me recosté bajo un árbol de espinas, la gente recostada y despierta o de pie y dormida. Sombras en la oscuridad pasaban mientras dormitaba. Compartimos tortilla, queso y frijoles. Algo negro pasó a gran velocidad entre nosotros, algunos decían que fue un conejo, otros que un espíritu. La sangre corrió por el sitio sagrado, el sacrificio se había realizado. “Hermanos, levántense” nos decía Lis, representante del pueblo wixárika, mi guía, maestra y amiga. Bailábamos, violines y olas marcaban el ritmo, los pies se movían como subiendo escaleras en el viento. Lágrimas en oración, chocolate en las manos, los pueblos mayenses haciéndose presentes con su propia tradición. Una auténtica oración interreligiosa. “Pueden descansar” nos indicaba Lis. Dormitábamos un poco antes de volver a bailar. Quedé de espectador un rato. Media noche, tres de la mañana, cinco de la mañana. Mucho baile, mucha danza, mucha canción. El Espíritu revoloteaba con el viento. “Imagínate comunicarte así con los Dioses” me dijo Natalia. Dios-inminente y Dios-trascendente, en todas partes, en cada uno, cubriéndonos, sustentándonos, dándonos vida, entregándose y entregándonos. Verdadera experiencia de comunión, verdadera experiencia de Dios. Silencio. Sale el Sol.

Regresa la mente. Las olas todavía susurran canto y violines. Estoy en la lancha de regreso a la orilla. Llevamos el Fuego Nuevo encendido. Todos estábamos muy cansados pero al mismo tiempo con más energías que nunca. Cuando llegó Ricardo, ese hombre alto de gran sabiduría que nos acompañó a Chio, Miguel Ángel y a mí en toda la logística del comité de hospitalidad, me preguntó que cómo estaba. “Cansado” le respondí, “pero ya sabes cómo son estas cosas, al mismo tiempo me siento más vivo que nunca.”. Nos reagrupamos en el parque. El Fuego Nuevo estaba encendido en unas antorchas de jardín que logramos conseguir casi de último minuto, esas antorchas nos servirían hasta el final. Ahora las Sagradas Varas estaban en compañía del Sagrado Fuego.

Esa noche tuve que partir. Me dio nostalgia, pero teníamos un evento en la noche en el Teatro Degollado y tenía que dejar la Caminata solo por una noche. Ernesto, siempre entregado y dispuesto a ayudar, fue por nosotros a Chapala. Quién diría que en el camino se nos poncharían dos llantas en cuestión de minutos, que acabaríamos haciendo como tres horas de Chapala a Guadalajara cuando en realidad se hacen como 40 minutos. Mejor nos reíamos, hay que tomar esto a la ligera y mejor divertirse. Al final llegamos, nos bañamos y me preparé para leer en el teatro unas líneas que escribí sobre Jorge Manzano.

La luz me encandilaba. No me acomoda la luz del reflector. “Leo esta palabra porque no es mía sino fecundada en muchas otras personas y experiencias”. Comencé a leer, gracias Jorge.[4]

El día siguiente regresamos a Chapala. Transportar el Fuego Nuevo no era fácil, no podía ir dentro de los camiones pues era peligroso pero su presencia era vital a donde quiera que íbamos. Encendimos una veladora con el Fuego y dejamos las antorchas prendidas en el parque, nos dirigíamos a Mezcala. Miguel Ángel y yo transportamos el Fuego en la camioneta, pero a medio camino un hoyo hizo que la veladora que cargaba el Fuego apagara la llama. Dimos la vuelta, compramos veladoras nuevas, fuimos al parque a encender de nuevo las veladoras y nos regresamos a Mezcala. Esta vez traíamos tres veladoras, no podíamos fallar. Durante el trayecto Miguel Ángel y yo hablamos de muchas cosas, compartimos vida, nos pedimos mutuamente consejo. Estoy muy agradecido de haber compartido vida con aquel hombre con tanta experiencia y con tanta humildad que es capaz de pedirle consejo a un niño de 23 años cuando él debería estar enseñándome a mí.

Llegamos a Mezcala y entregamos el Fuego. No habían pasado ni diez minutos cuando nos dicen que hay que ir a Ajijic (población todavía más lejos de donde estábamos que Chapala) por la comida. Ignorantes de lo que nos esperaba, Miguel Ángel y yo cambiamos de transporte (tomamos una camioneta con caja para cargar) y nos dirigimos a Ajijic. Teníamos media hora libre, así que nos sentamos a comernos unas donas. Cuando fue hora de recoger la comida, nos dirigimos a la dirección correspondiente. Resulta que la comida era pozole, ¡pozole para 250 personas que había que llevar hasta la isla de Mezcala! Debo admitirlo, me ganó el escepticismo, por un momento pensé que no lo lograríamos. Pero lo logramos, aunque una hora y media retrasados, logramos subir las cuatro hoyas a la camioneta, llevarlas hasta Mezcala sin derramar una sola gota, subirlas a la lancha y llevarlas a la Isla donde nos esperaban los miembros de la Caminata hambrientos en medio de la Laguna. “Creo que hemos vivido más aventuras en estos días de lo que muchas personas viven en toda su vida” le dije a Miguel Ángel quizás en tono exagerado. Él me sonrió y seguimos el camino.

Ese sería nuestro último día en Chapala. Regresamos al parque, dormimos y el día siguiente temprano partimos a Guadalajara. La dinámica fue la misma: yo manejaba un carro lleno de representantes de distintas comunidades indígenas cada uno custodiando una veladora con el Fuego Nuevo, cuidando que no se apagara. Llegamos a la casa donde se hospedarían, descansamos un poco, y después de comer nos dirigimos al Ixtépete[5].

Fueron casi 15 km. El sol calentaba el asfalto y las plantas de los zapatos ardían. Cada vez que cruzábamos una sombra desacelerábamos el paso para permanecer más tiempo bajo su frescura. La multitud era larga. Benita, señora wixárika, y yo estábamos hasta el final en el carro resguardando la marcha. Los niños cansados no tardaron ni un kilómetro en subirse con nosotros, se acomodaron y se durmieron inmediatamente. La marcha desde el centro arqueológico del Ixtépete hasta la Plaza Fundadores en el centro de la ciudad duró más de tres horas bajo un intenso sol, voluntarios en camionetas llenas de tinas con hielos repartían bebidas hidratantes a los marchistas, algunos opinaban que este sacrificio era necesario para curar muchas faltas y fallas que a lo largo del camino habíamos cometido. Cuando se llegó al centro de la ciudad comenzó el grito de “¡Que vivan los pueblos indígenas!” y de “Vivos se los llevaron y vivos se los queremos!” (este último referente a los 43 estudiantes desaparecidos en el 2014 en Ayotzinapa).

Dialogar no es fácil. Cuando el diálogo no es mera herramienta de pacificación o pura palabrería superficial –palabra que no nos implica verdaderamente como personas exhibiendo lo más sagrado de nuestro ser- sino que cuando el diálogo es auténtica apertura a la alteridad, existe la posibilidad de que el diálogo produzca chispas y choques. La ilusión de que el conflicto debe ser superado por el diálogo es convertir a éste en mecanismo de totalización. La alteridad se enaltece cuando el diálogo es auténtico. Creo que 17algo así nos sucedió en esta ocasión. La Caminata Espiritual, iniciativa de los propios pueblos, traía un discurso y un mensaje: denunciar las injusticias y crear cohesión entre los pueblos originarios. A los ojos occidentales, un mensaje más bien político que espiritual, pero hay que recordar que para estos pueblos economía, política y religión son una y la misma cosa. Por otro lado, en el apartheid (especialización-dualismo) de nuestra cultura, se busca “separar la Iglesia del Estado”. El DMU busca una cohesión social fruto del encuentro entre las distintas culturas y religiones “hablando de lo que nos une y no de lo que nos separa”. La cuestión es que a veces precisamente lo que nos separa es lo que nos urge a dialogar.

Los pueblos originarios han sido víctimas históricas de una lógica civilizatoria que aplasta y engulle a lo diferente. La Caminata venía denunciando precisamente esto. Pero es difícil la denuncia en un ambiente de fiesta, y es que cada cosa tiene su lugar y su momento. El folclorismo hace vomitar a los activistas indígenas, les produce nauseas ver como sus símbolos y rasgos culturales son utilizados por una espiritualidad más de índole New Age que, a final de cuentas, no es otra cosa que la re-sacralización del mundo por parte de una visión postmoderna en contra de una modernidad desacralizante. Unos de los encuentros más interesantes que se dieron durante esta experiencia fueron precisamente entre los pueblos originarios de la Caminata y los integrantes de movimientos dentro de lo que se conoce como neochamanismo, que es una espiritualidad formada en su mayoría por mestizos basada en recuperar las “técnicas y sabidurías ancestrales”. Por un lado, la Caminata exigiendo justicia y denuncia, por otro, el neochamanismo alzando su voz para ser considerados dentro del campo de la espiritualidad, pidiendo su reconocimiento y su valía como tradición.

¿Son ciertas ropas, lenguas e ideas exclusivas de una sola cultura? ¿Tienen derecho ciertos grupos de la “new age” de apropiarse y releer algunas formas culturales que de algún modo les son “ajenas” y tratar de auto-legitimarse como herederos de una cultura pero al mismo tiempo rendirle culto solo al “indio cósmico” o indio muerto y no al vivo presente en la lucha de las comunidades? ¿La víctima no se convierte en victimario al segregar y rechazar cierto tipo de expresiones, o peor aún, de personas concretas que se expresan, simplemente porque no les parece lo que hacen? ¿Rechazando y condenando a este tipo de prácticas de la “nueva era” no se repite el patrón de exclusión y marginación que precisamente se quiere combatir?  Estas preguntas y muchas más quedan en el viento y sin respuesta, pero lo importante no es precisamente contestarlas sino planteárselas, y lo maravilloso es que se plantearon en estos espacios.

Después de estos choques y diálogos, discusiones y encuentros, nos fuimos todos de la Plaza Fundadores para descansar. El día siguiente comenzaba como tal el DMU. Había que prepararse.

Era momento del parto. La Expo Guadalajara, ese enorme recinto imponente que da sede a infinidad de eventos, se pintaba ahora de los colores del diálogo. Once salas, más de 100 conferencistas, más de 150 actividades. A diferencia del primer DMU, donde tenía una tarea específica (ceremonias y rituales), en esta ocasión pertenecía al comité organizador, que es lo mismo que decir que me toca estar en todo y en nada. Fui voluntario, ponente, moderador, ayudante, de todo un poco, lo cual me permitió vivir la experiencia desde distintos ángulos lo cual enriqueció mucho mi visión de las cosas. Es el Encuentro lo que vale y desborda, no la calidad del lugar, la exactitud de la logística o la cantidad de personas, es por eso que me detendré en los encuentros que a mí me significaron, sin dejar a un lado mi opinión y crítica (que vendría siendo autocrítica) al propio evento y a lo sucedido.

El primer día fue de gran enseñanza. Comencé recogiendo a Atilano, representante de los pueblos mayas de Yucatán, y llevándolo a su conferencia. Me quedé a escucharlo un momento, sus palabras traspasaron mi ser explicándome tantas cosas de las que yo tenía intuición pero que nunca había podido plasmar en palabras. Al poco tiempo, la ceremonia de inicio de trabajos comenzó, yo esperaba fuera de la Expo a los miembros de la Caminata. Cuando llegaron nos dirigimos inmediatamente a la ceremonia, entramos en marcha tocando los violines, las palmas pintadas de aplausos recibieron al contingente que resguardaba las Sagradas Varas. Comenzaron los flashazos de las cámaras, esperé unos segundos y después me interpuse entre la Caminata y los paparazzi, esto no es una exposición exótica como para que tomen fotos de esa manera.

Ese día hubo varios encuentros de pasillo. Saludé a Chamalú, uno de mis más grandes maestros con el que tuve la oportunidad de compartir en Bolivia. Recordamos viejos tiempos y hablamos de la comunidad donde vivimos juntos. También me topé con Alberto Ruz Buenfil y Verónica Sacta, dos seres de gran sabiduría con una gran historia de trabajo social. A Alberto lo conocí el evento pasado, quizás él no lo recuerde pero en aquella ocasión me tocó ser el voluntario que pasaba el micrófono para las preguntas durante su conferencia, fue para mí una gran sorpresa y honor entablar un diálogo personal con él y que se interesara en el trabajo que estamos realizando. Pero lo más hermoso es re-encontrarte con los antiguos amigos, con los que ya se lleva tiempo compartiendo camino: Jagannatha, Sofo, Evelia, Nacho, Rafa, Oscar, Manuel, Susana, Ana y otros hermanos y hermanas, líderes y maestros en sus respectivas comunidades que conocí durante el primer DMU y que desde entonces entablamos una hermosa amistad. Su apoyo y su presencia fue para mí motivo de gran alegría. Y no puedo dejar de mencionar a los voluntarios, grandes amigos que hemos caminado juntos desde el primer evento dándole seguimiento a todo el trabajo por medio de los Microdiálogos y que ahora nos volvemos a reunir para el trabajo: Aleco, Sarahí, María, Stefy, Karla, Daniel, Roberto, Natalia, Ana Laura, Natasha… en verdad gracias por tanto bien recibido, porque en el camino somos compañeros y de la vida caminantes amigos.

Finalmente pude conocer a Paul, coordinador de TIO (The Interfaith Observer), importante medio dedicado a transmitir y compartir las distintas actividades interreligiosas. Su labor es impecable y muy trascendente, por lo cual fue para mí un verdadero honor el que me hayan publicado un fragmento de mis reflexiones sobre el primer DMU. Esperaba con mucha ilusión conocer a Paul, y en mi mal inglés y en su mal español fuimos capaces de entendernos pues compartimos algo más profundo, algo que la barrera de los idiomas no puede dividir. En esos pocos minutos que intercambiamos ideas, Paul me dijo algo muy importante: “I usually say that I´m an interfaith Christian”. Mis ojos se iluminaron, le respondí “ya somos dos”, en verdad, si tuviera que definir mi propio camino espiritual tomaría prestado el término de Paul: un cristiano interreligioso.

Ruth, judía estadounidense y una gran activista dentro del diálogo interreligioso mundial y que nos habíamos conocido durante el primer evento, me saluda con mucha calidez y me pide que platiquemos. Resulta que Ruth está escribiendo un artículo sobre la juventud en Guadalajara, aparentemente lo que más conmueve e impresiona a estos activistas del diálogo interreligioso es que en Guadalajara haya un grupo de jóvenes tan activo y comprometido en estos procesos. “What is your secret?” me preguntó. Me quedé callado un momento, la verdad no lo sabía, nunca me lo había planteado de esa manera. Hice un recuento de toda la experiencia, desde el primer DMU, pasando por los grupos de oración que coordinamos, los Microdiálogos, hasta llegar a este evento. “Creo que hay dos RSCN4215 (1)niveles” le dije “el primero es un nivel profundo, no hay secreto, o mejor dicho, todo está inmerso en el secreto del Misterio que nos mueve, lo que hemos realizado es pura Gracia”. “El segundo nivel” le comenté, “es darle voz a los jóvenes, que sean sujetos de su propio camino espiritual y no solo recipientes vacíos que tienen que ser llenados de dogmas por aquellos que “saben” y supuestamente conocen.” Le conté todo el proceso, cómo creamos un espacio de oración juvenil en nuestra universidad, cómo nuestra libertad y no-institucionalidad creó conflicto con la propia institución, cómo nos hicieron a un lado y cómo nos reagrupamos en Carpe Diem Interfé creando nuestro propio espacio de oración y Microdiálogos entre jóvenes que creen y piensan diferente. La plática con Ruth fue muy fecunda y hermosa, lamentablemente tuvimos que cortar pues teníamos que continuar con el trabajo.

Me di una vuelta a la sala 11, ahí se encontraba el equipo de NAIN (North American Interfaith Network). Es increíble ir conociendo personas tan comprometidas y experimentadas en el diálogo interreligioso, agentes de cambio que llevan años realizando el trabajo. Conocí a Robert y compañía, también a los representantes de una organización interreligiosa en Edmonton, Canadá. Una joven canadiense lanzó una pregunta muy directa que dejó trastabillando a los ponentes por un momento: “¿Por qué si se supone que a México se le considera como parte de Norteamérica, tardaron tanto en venir para acá?”. Hubo dos respuestas, la de Robert que decía que la razón era más que nada falta de comunicación y de facilidades para entablar una relación profunda de mutuo apoyo y colaboración, a lo que yo agregaría que además no es como que pudiéramos decir que en México hay mucho activismo de diálogo interreligioso como tal. Pero la respuesta que dio Ruth fue muy acertada: “para los estadunidenses y canadienses toda América Latina es lo mismo, y aunque México sea geopolíticamente Norteamérica, culturalmente y en el inconsciente colectivo no se considera como tal en EUA y Canadá.”[6] Creo que este reconocimiento es un paso gigantesco para la formación de relaciones entre los distintos centros de diálogo interreligioso en el mundo, especialmente en nuestro continente. Quizás en ese pequeño espacio de la sala 11 de la Expo Guadalajara nadie se dio cuenta, pero para mí fue un acontecimiento importante que pudiera unir en una relación más estrecha a algunas de las asociaciones más activas de diálogo interreligioso de EUA, Canadá y México. Creo que pronto veremos los frutos de este Encuentro.

Salí de la sala 11, me cambié de camisa por una más elegante, y me dirigí a la sala 8 donde participaría en un panel. Mi compañera, la Dra. Celina Vázquez de la Universidad de Guadalajara, presentó una exposición muy rica sobre la religiosidad en nuestra ciudad, demostrando una vez más la diversidad espiritual y religiosa de la Perla Tapatía[7], fenómeno que ha ido en incremento y que puede ser augurio de que algo trascendente está por suceder. No por nada Carlos, presidente de Carpe Diem, le llama a este pedazo de tierra el Bethél, donde supuestamente se forjará un cambio importante.

Para mi esta exposición era especial. No era un panel más donde me invitaban a hablar de algún tema interesante. Iba a exponer mis propias reflexiones fruto de mi experiencia en el diálogo interreligioso. Fue el resultado de mi experiencia filosófica de elaborar una tesis para graduarme de la licenciatura, pero al mismo tiempo una reflexión que unía mi práctica interreligiosa y mi formación filosófica para darme cuenta de algo muy importante, de un mensaje que ahora transmito y que en ese panel quise transmitir: el diálogo interreligioso es un acto religioso y un camino espiritual en sí mismo. Este mensaje está de fondo significando el estilo y la forma de este escrito. Por eso no escribo un resumen cuantitativo sobre el II DMU o un listado de conferencias y asistentes. Para mí el diálogo interreligioso es un camino espiritual y una experiencia religiosa y como tal implica muchas cosas, entre otras su propia organización y su propia expresión. Esta es la razón de que les comparta de forma personal y experiencial lo que para mí fue el II DMU, lo que viví en el Espíritu pues para mí el diálogo interreligioso es más que sentarnos a intercambiar pensamientos, es un espacio sagrado donde se abre la posibilidad del Encuentro con el otro como Ícono del Misterio.

Critiqué las visiones del diálogo como mera herramienta pragmática de pacificación, escenario folclórico y exposición académica. Denuncié como muchas veces el diálogo es nada más que lo políticamente correcto, e incluso ha llegado a ser mecanismo de totalización y represión en vistas de una supuesta inclusión que suprime alteridades (he ahí el ejemplo de la inclusión a los pueblos originarios que no ha hecho otra cosa que reprimirlos). Mientras el diálogo siga la lógica de la pacificación y de la erudición, será un diálogo al que yo llamé político-dialéctico cuyo único fin es alcanzar la tolerancia. Pero el diálogo puede ser Encuentro ético, acogida del otro absolutamente otro sin tratar de entenderlo ni absorberlo, pues para el Encuentro son necesarias alteridades irreductibles. El diálogo puede ser ético-dialogal, es decir, un diálogo cuyo Encuentro mantenga las alteridades en “Inter”, y que su dinamismo sea re-ligioso. El diálogo Inter-re-ligioso.

Me sentí muy feliz de poder compartir mi propia reflexión en un foro que me ha significado tanto, pues estas reflexiones fueron el fruto del Encuentro con ese Misterio desde la voz de tantas personas con las que he compartido gracias a Carpe Diem Interfé. Estaré siempre agradecido por ese regalo de poder haber presentado en este foro tan especial para mí, con muchos defectos y errores, pero al final fruto del trabajo de amigos que sin ser perfectos estamos aprendiendo a trabajar con corazón.

El primer día llegaba a su fin. Después de subir innumerables veces las escaleras, tanto eléctricas como convencionales, de pasar sed y hambre por falta de tiempo, de sudar como maratonista de tanto correr entre sala y sala, de evento a evento. Al final, cuando el sol se pone, todo queda en calma. Todo está bien. Había que dormir un poco para el día siguiente, que esto apenas comenzaba.

Desde que organizamos el programa sabíamos que el segundo día sería el más pesado. Una de las grandes limitantes de parte de la Expo que nos afectó mucho fue la imposibilidad de realizar rituales y ceremonias durante el evento. Al prohibir el fuego dentro de las instalaciones, lo cual era obvio por motivos de seguridad, muchas ceremonias tuvieron que cancelarse. Se nos asignó un espacio, la sala 9, en la cual realizamos varias oraciones y meditaciones: un kirtan (cantos de mantras) con los krishnas, una meditación con Casa Tíbet, una oración contemplativa cristiana y otra estilo Santa Teresa. Sin embargo, algo que sí se extrañó y que hizo mucha falta ya que es el alma del evento, fueron las continuas ceremonias y rituales que mantenían viva la chispa de la fiesta. En verdad creo que vale más buscar un espacio adecuado para estar realizando constantemente ceremonias que preocuparse demasiado por un espacio tecnológico equipado para conferencias.

Durante la mañana del segundo día acompañé varios paneles. En especial recuerdo los dos que se formaron entre los miembros de la Caminata. Uno entre puros hombres y otro entre puras mujeres. Para variar, a las mujeres no les alcanzó el tiempo para terminar su compartir, así que se habilitó otro espacio. No pude estar presente, pero las compañeras que pudieron vivir la experiencia la describen como de profunda y honda enseñanza. Esa mañana mi trabajo fue más técnico. Estar al pendiente de los salones, cuidar la sala de oración, coordinar a varios voluntarios.

No solo Jorge Manzano había partido dejando un puesto vacío. Meses antes del II DMU, Genaro Ata de la comunidad musulmana dejó este mundo. Era un gran amigo, un luchador incansable que buscaba el diálogo entre las religiones y la reivindicación del Islam no como una tradición violenta sino de sabiduría y paz. La última vez que nos vimos fue en un microdiálogo que organizamos en la universidad. Ese día me dijo “me detectaron un tumor, me voy a revisar”, pero me lo dijo con tanta naturalidad y despreocupación que no pensé que sería grave. Una semana después partiría. Genaro pasó literalmente sus últimos momentos haciendo lo que más amaba, dialogar en un encuentro interreligioso. Recuerdo esas pláticas en el atardecer que teníamos en su oficina, un alto edificio donde a lo lejos se podía ver toda la ciudad. En ese segundo día de actividades del II DMU realizamos un pequeño homenaje a su trayectoria y amistad. Yo simplemente abrí el espacio y Sofo compartió unas palabras. Genaro, héroe de la causa, por ti seguimos caminando, por tu inspiración continuamos el trabajo.

Entre los muchos sueños que Genaro dejó inconclusos, uno en particular se cumpliría en este II DMU: traer al Sheij Morhell a México. “Por fin Genaro logró traerme” me dijo el Sheij quien por alguna razón estuvo presente en mi ponencia el día anterior “y cuando me trajo se nos fue”. Genaro hablaba muy bien de este maestro musulmán de origen argentino, y sus palabras no mentían. En la tarde de este segundo día moderé un panel entre Alexander Zatyrka, jesuita, y el Sheij Morhell. El tema: “La actualidad de Dios en el mundo contem11212413_10152734460150706_1698331649_nporáneo”. El tema no se respetó mucho, y tener a dos grandes maestros y contar con tan poco tiempo no ayudó al objetivo. Sin embargo el cruce de miradas y de palabras significó mucho para mí, fue un verdadero honor sentarme en medio de dos sabios. La pregunta continuó: ¿qué pueden decir sobre el llamado horizonte posteísta (sin Dios o más allá de Dios) dos tradiciones religiosas en las cuales el papel de Dios es central? Zatyrka compartió su preocupación respecto a este tipo de pensamientos que, lejos de semejarse al silencio sobre Dios de tradiciones ancestrales como el budismo o el jainismo, parecieran llevar más bien a una postura espiritual comodista que, al no contar con un interlocutor que interpele, el sujeto queda como autogestor de su vida y por lo tanto sólo realiza lo que le sea cómodo. Por su parte, el Sheij aportó que muchas veces este tipo de ideas eran de las élites y no del pueblo, y que tendríamos que reflexionar de dónde venían estas posturas. La discusión quedó abierta, como todo misterio tiene que quedar, pero el compartir fue fructífero.

Estábamos cansados. El final del segundo día fue de esas veces que no sabes cómo seguir porque no hay de donde sacar más energía. Un grupo de voluntarios nos sentamos en el suelo. A lo lejos veo pasar a Ruth, me levanté para decirle que continuáramos con nuestra entrevista. Se sumaron los demás compañeros. Ruth estaba feliz preguntando a cinco voluntarios jóvenes del II DMU. Creo que ya tiene suficiente información para realizar su artículo. Le contamos la historia de los distintos grupos que hemos formado, compartimos nuestras motivaciones y sueños.

Ninguno de los miembros del equipo de los Microdiálogos o de Carpe Diem pensamos igual, de hecho tenemos creencias e ideas que incluso se contradicen, y creemos que eso es precisamente lo que nos hace ricos, nuestra pluralidad. El diálogo comienza por conocernos a nosotros mismos, de dónde venimos y cómo actuamos, y desde ahí comenzar nuestro propio camino de la mano de los demás. Tenemos que aprender a expresarnos desde nuestro secreto, desde el silencio donde la palabra de cada quién nace como respuesta a un llamado personal pero envuelto en una tradición que hay que dejar de entenderla como prisión para comenzar a vivirla como  horizonte posibilitador en flexibilidad proveniente de una actitud orante de escucha a la Voz del Misterio que siempre pide más, pide cosas nuevas y no rancias. La palabra no es monólogo sino diálogo, una respuesta desde lo más profundo a un llamado que proviene en gracia desde lo más trascendente, quebrando una y otra vez viejas estructuras e invitándonos a innovar. El maestro Swami se me acerca y me dice: “el pájaro canta no porque tenga voz sino porque tiene una canción”. “Tú tienes una canción” me dijo, “¡canta!”. “Lo más valioso de este proyecto” le dije a Ruth, “es que somos jóvenes compartiendo entre jóvenes, sin totalizarnos, simplemente encontrándonos y detonando dinamismos personales y colectivos de búsqueda”. Tenemos una canción. ¡Cantemos!

Después de tanto esfuerzo y de tanta pasión, el último día estuvo permeado de un sentir paradójico que ondulaba entre la nostalgia del fin y el alivio de concluir. A primera hora nos reunimos para hacer homenaje al principal impulsor y padre de todos nosotros, Jorge Manzano. Juanita, su secretaria por más de 12 años, nos compartió lo que fue trabajar con él; José Antonio, su compañero de trabajo por 29 años, habló de muchas aventuras e iniciativas que emprendieron juntos. En el homenaje también nos acompañó el Obispo Raúl Vera, quién llegó al DMU por un interés particular por la Caminata Espiritual. El compartir fue profundo, no se esperaba menos de traer a colación al gran maestro que fue para nosotros Jorge.

Jorge Manzano era ajonjolí de todos los moles y un francotirador de proyectos y visiones. Aunque hizo innumerables cosas en su vida, al final de su peregrinaje por este mundo Jorge dedicó su tiempo y su esfuerzo a la Fundación Carpe Diem Interfé y al DMU. Su espíritu sigue presente y revoloteando en estos espacios, y no podemos encontrar mejor homenaje que continuar este proyecto y acompañarlo a buen puerto.

Comenzaba un panel sobre el Parlamento de las Religiones del Mundo con el mismísimo presidente del Parlamento (Imam Malik) acompañado por Robert de NAIN y por Ruth. La sala estaba llena de estadunidenses y canadienses, así que la ponencia fue en inglés. Mientras Malik nos compartía el camino del Parlamento, en mi interior se despertaba un gozo indescriptible. Como mencionaba más arriba, para mí el diálogo interreligioso es más que mera diplomacia y demagogia que busca la pacificación o tema de interés académico, en mi propia vida el diálogo interreligioso es camino de Trascendencia. En la práctica del diálogo interreligioso he encontrado una plataforma que une todos los ámbitos importantes de mi vida: lucha social, estudio y práctica religiosa. El corazón corre de felicidad cuando sé de estos movimientos, y aunque es difícil participar desde esta parte del mundo por la falta de recursos de distinto tipo, me entusiasma escuchar sobre estas personas que están apostando por lo mismo que yo en otros países.

Imam Malik dijo algo importante: “Yo creo en el diálogo interreligioso, por algo soy el presidente del Parlamento, sin embargo por treinta años hemos sido siempre las mismas gentes viéndonos las mismas caras en todos los congresos y encuentros.” Ante esto comento lo siguiente: el interés por las distintas religiones y culturas es parte del propio paradigma de la información y de la contemplación estética y lúdica en el que vivimos. Una cosa es este interés por las religiones y otro muy distinto la práctica del diálogo interreligioso. Existen muchas personas interesadas en conocer las distintas religiones, pero en mi camino he encontrado que en realidad no hay tanto compromiso por un diálogo interreligioso como opción de vida y de camino. No digo que no lo haya, la existencia de muchas organizaciones y encuentros por todo el mundo demuestra que sí existe, pero me refiero a que el diálogo interreligioso muchas veces ha sido tomado como algo secundario, periférico, y a diferencia del activismo político, ecológico o económico, no vemos tantos movimientos enfocados en pensar y repensar el diálogo entre las religiones. Es para mí un llamado personal, pensar aunque sea un poco en este ámbito.

El II DMU estaba por finalizar. Como todo ciclo que comienza, era hora de cerrar esta etapa. Las sillas se acomodaron en varias hileras, poco a poco la gente fue tomando sus lugares. Llegó la hora de la Ceremonia de Bendiciones. En el estrado, líderes espirituales de distintas tradiciones. Partículas de sacralidad pululando por el aire servían de vehículo para la Palabra de bendición proveniente de aquellos hombres y mujeres. Uno a uno nos bendijeron: “Alá el compasivo y misericordioso”, “corazón del Cielo y corazón de la Tierra”, “shanti, shanti, shanti”. Cada uno desde su lengua espiritual nos dirigió unas palabras de esperanza y agradecimiento, pues el haber con-vivido fue Gracia y a la Gracia se le a-gradece. La gratuidad del momento solo era equiparable a la promesa que el mismo instante encerraba. Este no es el final, es el principio.

Se finalizó con aplauso y canto. El II Diálogo Multicultural Universal llegaba a su fin, pero nosotros no habíamos terminado. El Fuego Nuevo haría un último viaje. Al carro nos subimos Margarita, abuela de El Salvador, Karen del mismo país, un representante del pueblo wixárika, Natalia y Tata Rafa. Tata Rafa, a quién había recogido hace ya más de una semana, se había convertido en un gran maestro y amigo para mí. Sus enseñanzas humildes y profundas recuerdan la verdadera sabiduría, aquella que no es entregada ni a sabios ni entendidos sino a los humildes de corazón que se dejan enseñar y forjar por el Misterio. Fue un honor emprender este último viaje al lado de Tata Rafa, alcalde del cIMG_9613omún del único gobierno ancestral del continente que tiene sede en Izalco, en El Salvador.

El Fuego Nuevo tenía que quedar encendido de forma permanente. Entramos al parque, ya era de noche. Del auto se bajaron tres veladoras con el Fuego Nuevo esperando ser depositado en su lugar de reposo. Hicimos un círculo alrededor del monumento que sería el hogar del Fuego. Representantes de la Caminata Espiritual, de Carpe Diem y del Ayuntamiento de Guadalajara escuchamos la narración del viaje de la Caminata, sus objetivos y sus declaraciones de exigencia de justicia y paz. Los guardianes del Fuego encendieron la nueva flama, flama que ahora descansa en el Parque Aguazul de la ciudad de Guadalajara como símbolo que expresa el esfuerzo de mujeres y hombres que han entregado su energía y esfuerzos por construir un mundo mejor.

Entre lágrimas, risas y abrazos, se dio por concluido este trabajo representado en esa flama sagrada. Cualquiera que alrededor de este Fuego circule, que sepa que es el resultado del trabajo y visión que busca un paradigma distinto, que rechaza la violencia y la explotación, que grita contra el dolor de la Madre Tierra, del consumismo neoliberal que elimina todo lo que toca, de la mercantilización de la vida y de la esperanza. Los pueblos originarios del continente encendieron este Fuego y lo entregaron en custodia a los pueblos del mundo. Es momento de que el Misterio vuelva a recuperar su lugar protagonista en nuestras vidas, el mensaje proveniente de la oscuridad de la noche sin formas perfila ahora reluciente en un fuego de flamas de mil colores, de mil pueblos. “Todos en la misma Madre Tierra y bajo el mismo Cielo”. Este es el mensaje de comunión que la Caminata y el DMU quisieron expresar. Que el mensaje se haga manifiesto y actual en el día a día de nuestras vidas, pues después de esto no podemos seguir igual. La semilla está sembrada, una nueva humanidad nos espera y nos exige fórjala en diálogo, escuchándonos, amándonos.

Para mí, esto apenas comienza. El corazón está lleno de Dios, entusiasmado. Esto es un experimento, en muchas cosas fallamos. Es necesario re-pensar el diálogo interreligioso, y ahora en Carpe Diem tenemos la oportunidad de hacer las cosas diferentes sabiendo leer los signos que se presentan en esta coyuntura. No se trata de jalar desde la cúspide con una especie de aire mesiánico, sino de acompañar desde la base el crecimiento y proceso de los pueblos y de los paradigmas. Los ojos concretos, con lágrimas y alegría, solo ellos son capaces de hablarnos del Misterio y conducirnos a la Trascendencia de la comunión.

Esto es solo el principio. Ahora que ya nos despedimos y cada quién regresó a su vida cotidiana, llevamos en el alma tatuada la enseñanza de la mirada maestra del otro. Yo no voy a olvidar lo vivido, yo no puedo callar ni dejar que mi vida siga igual. Dejémonos conducir, abrasemos en escucha y acogida la manifestación de la Gracia. Nos vemos en el 2017.

[1] Miembro de la Caminata Espiritual proveniente de El Salvador.

[2] Nombre que en una lengua originaria de Centroamérica se le da al continente americano.

[3] Guías espirituales del pueblo wixárika.

[4] El texto completo que leí en la inauguración del evento puede leerse aquí: /homenaje-a-jorge-manzano-teatro-degollado-3-de-mayo-2015/

[5] Ruinas Arqueológicas a las afueras de Guadalajara.

[6] Lo cual es cierto. Culturalmente México es Latinoamérica pero geopolíticamente Norteamérica, lo cual lo sitúa en una posición muy interesante.

[7] Nombre con el que se le conoce a Guadalajara.

*Estudió10995540_10203179362318720_606168125603695529_n Filosofía y Ciencias Sociales en el ITESO. Es parte del equipo de la Fundación Carpe Diem Interfé. Creador y coordinador de los MICRODIÁLOGOS de la misma fundación. Durante su periodo universitario estudió por un semestre en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, donde se concentró en el pensamiento latinoamericano. Tiene experiencia de colaboración y trabajo en comunidades originarias tales como rarámuri, wixárikas, tsotsiles, tzeltales, quechuas, quichuas y shipibo; y en comunidades espirituales budistas, neochamánicas, hinduistas y cristianas entre otras. Su principal campo de interés es la mística, la espiritualidad y el diálogo entre las religiones y las culturas. [email protected]

Elias González Gómez 2015-10-01T09:15:49+00:00